Decir Lisboa, para mí, es desear estar paseando por sus avenidas, sentarme en sus plazas para ver pasar la gente, estar en los Cais (muelles) mirando el río -casi mar- y sus colores. Andar por sus jardines para contemplar cientos de flores y especies de árboles, muchos de ellos, tropicales. Dejarse acariciar por la brisa, siempre apacible, perderse por sus becos (de Alfama o Morería), subir y bajar escadinhas, a veces imposibles y hay que tomar un elevador.
La diversidad de olores, a veces de los restaurantes y los hay en abundancia, muchos de ellos asan con carbón los frutos del mar o las carnes llegadas del Alentejo o de Tras os Montes... Otros huelen a comida africana, hindú y de otras procedencias más o menos exóticas. También huele a pan, a pasteles recién horneados que se exponen primorosamente en las vitrinas. A fruta, a mar, a vida...
Y qué decir de su luz, la Ciudad Blanca, la llaman.
Salir de las rutas marcadas en las guías turísticas y adentrarse en sus calles, ver sus hermosos edificios coloridos y adornados de azulejos, algunos rehabilitados, otros en decadencia total esperando que una subvención le dé una oportunidad para volver a enseñar su elegancia. En su ajetreo, en su tráfico -a veces endiablado- y ver la vida de los lisboetas es lo que más apetece. Se pueden encontrar rincones llenos de encanto, restaurantes sencillos y con una comida auténtica, la que comen sus habitantes, que siempre es mejor alejarse de los restaurantes para turistas que llenan la Baixa.
Hay que ir a los barrios, a los mercados, que por cierto, en un intento de dinamizar y revalorizar éstos, merece la pena acercarse a ellos. A mí me gusta especialmente el Mercado de Campo de Ourique, al que se llega fácilmente en el famoso 28, hay que cogerlo en dirección a Prazeres (hay algunos que sólo llegan a Estrela) y bajar enfrente de la Iglesia de Santo Condestável, a su espalda encontramos el Mercado.
Da gusto ver cómo se mezclan los puestos de pescado, de fruta colocada con esmero, los de especias de las más variadas procedencias, aceites ecológicos, dulces, etc. con pequeños restaurantes, ahora muy de moda, y que mezclan cocina tradicional con la de vanguardia. En la parte central encontramos un espacio con mesas y sillas donde podemos comer. Lo mejor de esto es que se puede comer variado y comprar las cervezas o vinos que más nos seduzcan. Es bastante más pequeño que el Mercado de la Ribera, en el Cais de Sodré, por lo que es más tranquilo aunque no encontramos tanta diversidad.
Pero antes de ir al Mercado, las últimas veces que visité Lisboa fui a dar una vuelta por las tiendas de tela que hay en la Rua Saraiva de Carvalho, que es donde nos deja el tranvía. Una parada más adelante que para ir al Campo de Ourique, aunque muy próximo, se encuentran varias tiendas de telas con una variedad enorme. Colocadas en expositores bien combinadas, algunas forman parte de la misma colección, se ofrecen coloridas y atrayentes para las que gustamos de estas. Para mí, la que más me gusta de todas es Vidal Tecidos, donde encuentro telas de temas portugueses que me encantan. En mi última visita compré una de Janelas (ventanas) como a mí me gusta llamarla cuyos motivos son ventanas coloridas y de diversos diseños tradicionales. También compré otra de casas en una ladera que bien podría representar Alfama o Prazeres. Y cómo no, no podía faltar otra muy tradicional que es de corcho (cortiça) y que me gusta muchísimo, tengo que combinarla con las otras para hacerme un bolso.
Pero para que esta entrada no se haga demasiado larga, creo que lo mejor será ilustrar con algunas fotos lo anteriormente expuesto
El centro de Lisboa está llenos de faroles de hierro con el escudo de la ciudad, que está representado por una carabela y dos cuervos, cuyo significado se remonta a 1173 cuando San Vicente fue trasladado desde el Cabo de San Vicente hasta Lisboa, dice la leyenda que dos cuervos no se separaron de la nave en todo el trayecto.
El Bairro Alto o en este caso el Chiado, está lleno de antiguos comercios llenos de encanto. En algunos se mezcla lo vintage con la vanguardia resultando una mezcla muy bien combinada.
Escadinhas del Barrio de Mouraría
Por ahora es todo, hasta pronto,
Pepa
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